La técnica del Sándwich es una técnica muy utilizada a la hora de mejorar las habilidades sociales. Está estrechamente relacionada con la forma en que nos comunicamos. Por ello, haremos hincapié tanto en el lenguaje que utilizamos como en las formas, es decir, forma y contenido de nuestro mensaje. Concretamente, esta técnica consiste en decir algo que intuimos que no va a ser agradable para nuestro interlocutor, pero ofreciendo también un mensaje positivo a cambio. Es decir, se trata de dar una de cal y otra de arena. Se utiliza principalmente cuando se hace una crítica a algo o a alguien. ¿Verdad que es incómodo cuando tenemos que decir algo así? Por ello es interesante y conveniente conocer herramientas lingüísticas que nos permitan comunicarnos con eficacia y siendo lo más respetuosos posibles.

¿Quieres saber cómo llevar esta técnica a la práctica?

En primer lugar, debes identificar la metáfora que da nombre a esta herramienta. Entenderemos como “sándwich” dos rebanadas de pan con algo de condimento en medio. Pues bien, ese condimento, el contenido en sí es lo que nosotros realmente queremos transmitir, es decir, nuestro mensaje que en este caso es una crítica. Para no ser bruscos, demasiado directos e incorrectos, lo que haremos será “envolver” ese mensaje con otros positivos, lo que identificamos con las rebanadas de pan. En este sentido, la estructura de nuestro discurso sería la siguiente: rebanada de pan (aspecto positivo), seguida de queso (crítica) y cierre con otra rebanada de pan (conclusión resaltando lo positivo).

Pongamos un ejemplo:

Imaginad que necesitamos hacerle una crítica a nuestro mejor amigo. La crítica consiste en que siempre que queda con nosotros trae a algún otro amigo suyo, de forma que no podemos contarle nuestros asuntos porque no estamos nunca solos. ¿Se os ocurre cómo actuar en esta situación según lo explicado anteriormente? Pues bien, siguiendo la técnica del Sándwich, deberíamos comenzar transmitiéndole que es un buen amigo porque siempre nos tiene en cuenta para sus planes. En cambio, queremos decirle también que no siempre estamos a gusto con su comportamiento, por lo que sería en la metáfora del sándwich “el queso”. Después de decirle lo positivo (“eres un gran amigo, ya que siempre me invitas a todos tus planes”) sería el momento de hacer la crítica (“En cambio, me gustaría que cuando quedemos no traigas siempre a alguien más porque a veces es necesario contarnos nuestras cosas en privado”). No debemos olvidar acabar nuestra crítica con un aspecto positivo para que nuestro amigo no se quede con un mal sabor de boca. Por lo tanto, podríamos cerrar el discurso con el siguiente mensaje “Aunque es cierto que también es genial conocer a gente nueva y formar parte de tu grupo de amigos”.

En conclusión, siempre que hagamos una crítica, siguiendo esta técnica, comenzaremos diciendo algo positivo sobre esa persona, objeto, etc.  Y después vamos a hacer la crítica en sí, para acabar resaltando, por encima de todo, una valoración general positiva. De esta forma, podremos transmitir nuestras opiniones sin herir a los demás y sin resultar violentos ni provocar situaciones incómodas. Además, nuestro interlocutor no se sentirá atacado, sino que estará abierto a escuchar nuestras críticas constructivas y se dará cuenta de que lo valoramos y no nos quedamos con los aspectos negativos, sino que hacemos un balance y proponemos mejoras acerca de aquello que no nos agrada.

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